En este ejercicio, contaba con 3 dados decorados con símbolos y un baúl de personajes dibujados, en prosa, por los compañeros del grupo de escritura. Me tocó escoger dos de ellos para mi relato, y mi elección fue a recaer en la mujer mayor que acababa de perder a su madre, y la soñadora a domicilio, un personaje que me fascinó y espero poder encontrarme más adelante. Los dados nos ofrecieron unas máscaras teatrales de binomio alegría/tristeza, una varita mágica con estrellas y un arco iris. Decidí usar los símbolos en ese orden y significar con ellos los tres puntos de mi relato: el problema inicial, la solución, la liberación.
El entendimiento
Estoy retomando la lectura
sobre almas gemelas, el material que
me habías pasado. Se ve que no estaba
preparada para entenderlo como tú.
Ahora lo leo y todo tiene sentido.
Describe perfectamente el proceso por
el que pasamos los dos. Nos hemos
separado para sufrir, sentir dolor y vivir
un proceso por separado que juntos no
hubiese sucedido. Hemos trabajado
nuestra espiritualidad y el fin de nuestro
ego por separado, tenía que ser así para
aprender. Lo veo tan claro! ¿Te das
cuenta Sigue leyendo
Tus aguas
Yo me afanaba
en nadar en tus aguas.
Tú ya te bañabas
en otras playas.
Dama beatriz
Fue la dama Beatriz
de los reinos colindantes
emperatriz,
quien, callada, reposando,
observó la quieta perdiz.
Nuestro cielo particular
Una tarde como otra cualquiera. Por unas horas, pudimos escapar de nuestras correspondientes vidas bajo excusa de motivos laborales y, excepcionalmente, nos encontrábamos al lado del mar. Inevitablemente, la idea de ejecutar el número 20 de nuestra WishList rondaba mi cabeza… pero por alguna extraña razón, no causaba en mí los comunes y casi rutinarios latigazos sexuales.
Prólogo
– Oficialmente mojada.
Le informo. E inmediatamente giro la cabeza para observar la hermosa vista que nos ofrece el mirador. Nos esforzamos durante días en encontrar algún escondite urbano, pero finalmente optamos por exponernos en el punto más alto de la ciudad. Allí, en pie, me quedo un segundo observando al infinito y utilizo la poca sangre que me riega la cabeza para reflexionar. A estas alturas -de tiempo, no de altitud- ya me he acostumbrado al permanente estado de humectación que me produce. Muevo ligeramente la cadera para que mis labios se acomoden y lo verifico: lubricación absoluta. No entiendo cómo lo hace. O sí, puro instinto animal, supongo. AG rules. Sigue leyendo