Me veía bonita

Me puse guapa. Me vestí con mis más inocentes esperanzas e infantiles ilusiones. Como pretendiendo que el tiempo hubiese perdido su entidad. Como doblegando el espacio sobre sí mismo. Como trazando el círculo inverso hacia aquel lejano punto ya casi imperceptible. Me veía bonita mientras depositaba sedosos pétalos rojos a la izquierda en mi pecho, sonriendo a sus delicadas cosquillas. Me abrazaba por dentro.

Me senté a esperar en aquel banco. Sentía, con gusto, mecerse mis pequeñas alas. Mis ojos fijos en el índice de mi mano derecha, donde cuidadosamente había anudado el hilo. Sujetaba esta con la izquierda, en mi regazo, ambos pies en el suelo, y sonreía. Volaron los pétalos con el primer tirón. Lo sentí en mi dedo, y mi mirada se fue a buscar el otro extremo. Un algo, una sombra, una silueta, una persona, una certeza, una ilusión, un error, una verdad… y todo se esfumó.

Ni banco, ni alas, ni hilo, ni siquiera suelo. Y un vacío que comenzaba a antojárseme eterno…

Las gentes antiguas

No entendía aquella repentina, inexplicable e involuntaria fijación por las imágenes antiguas. Más allá de mi casi enfermiza nostalgia, no había razón alguna que diese respuesta a mi desaforado interés por viajar a aquellos escenarios del pasado, calles a medio construir, edificaciones ya inexistentes, aquellos rostros antiguos con sus extrañas vestimentas, algunos mirando a la cámara, otros sonriendo, otros totalmente ajenos a la escena y al flash que la inmortalizaba. Buscaba entre sus ojos una confirmación de que un tiempo atrás habían existido, habían pisado las calles que yo pisaba entonces; visto los paisajes que yo contemplaría muchos años después, ya transformados; una confirmación de que habían podido sentir las mismas alegrías, similares miedos, angustias variadas… Me gustaba ir al detalle de los carteles, de los solares donde ahora se levantaban edificios, monumentos; a las chimeneas que aún seguían en pie, aunque ya sin humo.  Sigue leyendo

Foto panorámica en blanco y negro de una playa abierta, con el mar agitado y bañistas en la orilla. Es un día soleado

Incluso allí

Cuando mi misma yo quiso, cambió el proceso lineal y temporal del viaje sobre mis recuerdos, propiciando un nuevo e inquietante universo de ensueño en el que contaba con la absoluta libertad de saltar entre cajitas de memorias sin condicionante alguno. Y en aquella maraña sin sentido podía atravesar cualquier temor amenazante y regresar adonde se me antojase y me sintiese feliz. Adonde se me antojase. Incluso allí…

De ti no me despido…

En este ejercicio, contaba con 3 dados decorados con símbolos y un baúl de personajes dibujados, en prosa, por los compañeros del grupo de escritura. Me tocó escoger dos de ellos para mi relato, y mi elección fue a recaer en la mujer mayor que acababa de perder a su madre, y la soñadora a domicilio, un personaje que me fascinó y espero poder encontrarme más adelante. Los dados nos ofrecieron unas máscaras teatrales de binomio alegría/tristeza, una varita mágica con estrellas y un arco iris. Decidí usar los símbolos en ese orden y significar con ellos los tres puntos de mi relato: el problema inicial, la solución, la liberación. 

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Un elefante fotografiado a lo lejos, en medio de un campo vacío en una foto de Vincent van Zalinge on Unsplash

El entendimiento

Estoy retomando la lectura 
sobre almas gemelas, el material que 
me habías pasado. Se ve que no estaba
preparada para entenderlo como tú.
Ahora lo leo y todo tiene sentido.
Describe perfectamente el proceso por
el que pasamos los dos. Nos hemos

separado para sufrir, sentir dolor y vivir 
un proceso por separado que juntos no
hubiese sucedido. Hemos trabajado
nuestra espiritualidad y el fin de nuestro
ego por separado, tenía que ser así para
aprender. Lo veo tan claro! ¿Te das
cuenta Sigue leyendo