Fue la dama Beatriz
de los reinos colindantes
emperatriz,
quien, callada, reposando,
observó la quieta perdiz.
literatura
Nuestro cielo particular
Una tarde como otra cualquiera. Por unas horas, pudimos escapar de nuestras correspondientes vidas bajo excusa de motivos laborales y, excepcionalmente, nos encontrábamos al lado del mar. Inevitablemente, la idea de ejecutar el número 20 de nuestra WishList rondaba mi cabeza… pero por alguna extraña razón, no causaba en mí los comunes y casi rutinarios latigazos sexuales.
Prólogo
– Oficialmente mojada.
Le informo. E inmediatamente giro la cabeza para observar la hermosa vista que nos ofrece el mirador. Nos esforzamos durante días en encontrar algún escondite urbano, pero finalmente optamos por exponernos en el punto más alto de la ciudad. Allí, en pie, me quedo un segundo observando al infinito y utilizo la poca sangre que me riega la cabeza para reflexionar. A estas alturas -de tiempo, no de altitud- ya me he acostumbrado al permanente estado de humectación que me produce. Muevo ligeramente la cadera para que mis labios se acomoden y lo verifico: lubricación absoluta. No entiendo cómo lo hace. O sí, puro instinto animal, supongo. AG rules. Sigue leyendo