Las gentes antiguas

No entendía aquella repentina, inexplicable e involuntaria fijación por las imágenes antiguas. Más allá de mi casi enfermiza nostalgia, no había razón alguna que diese respuesta a mi desaforado interés por viajar a aquellos escenarios del pasado, calles a medio construir, edificaciones ya inexistentes, aquellos rostros antiguos con sus extrañas vestimentas, algunos mirando a la cámara, otros sonriendo, otros totalmente ajenos a la escena y al flash que la inmortalizaba. Buscaba entre sus ojos una confirmación de que un tiempo atrás habían existido, habían pisado las calles que yo pisaba entonces; visto los paisajes que yo contemplaría muchos años después, ya transformados; una confirmación de que habían podido sentir las mismas alegrías, similares miedos, angustias variadas… Me gustaba ir al detalle de los carteles, de los solares donde ahora se levantaban edificios, monumentos; a las chimeneas que aún seguían en pie, aunque ya sin humo.  Sigue leyendo

De ti no me despido…

En este ejercicio, contaba con 3 dados decorados con símbolos y un baúl de personajes dibujados, en prosa, por los compañeros del grupo de escritura. Me tocó escoger dos de ellos para mi relato, y mi elección fue a recaer en la mujer mayor que acababa de perder a su madre, y la soñadora a domicilio, un personaje que me fascinó y espero poder encontrarme más adelante. Los dados nos ofrecieron unas máscaras teatrales de binomio alegría/tristeza, una varita mágica con estrellas y un arco iris. Decidí usar los símbolos en ese orden y significar con ellos los tres puntos de mi relato: el problema inicial, la solución, la liberación. 

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Una pareja con zapatillas Converse desciende por unas escaleras de piedra en una foto de photo-nic.co.uk nic en Unsplash

Nuestro cielo particular

Una tarde como otra cualquiera. Por unas horas, pudimos escapar de nuestras correspondientes vidas bajo excusa de motivos laborales y, excepcionalmente, nos encontrábamos al lado del mar. Inevitablemente, la idea de ejecutar el número 20 de nuestra WishList rondaba mi cabeza… pero por alguna extraña razón, no causaba en mí los comunes y casi rutinarios latigazos sexuales. 

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Prólogo

– Oficialmente mojada.

Le informo. E inmediatamente giro la cabeza para observar la hermosa vista que nos ofrece el mirador. Nos esforzamos durante días en encontrar algún escondite urbano, pero finalmente optamos por exponernos en el punto más alto de la ciudad. Allí, en pie, me quedo un segundo observando al infinito y utilizo la poca sangre que me riega la cabeza para reflexionar. A estas alturas -de tiempo, no de altitud- ya me he acostumbrado al permanente estado de humectación que me produce. Muevo ligeramente la cadera para que mis labios se acomoden y lo verifico: lubricación absoluta. No entiendo cómo lo hace. O sí, puro instinto animal, supongo. AG rules. Sigue leyendo