Si tan solo
añorases
el danzar mañanero.
Tu cabeza
atrapada,
hundida en mi pecho.
Respirando sobre ti
los tempranos trinos de luz.
Descalza.
Desmelenada.
En bragas.
Ojos en legañas.
Si tan solo
añorases
el danzar mañanero.
Tu cabeza
atrapada,
hundida en mi pecho.
Respirando sobre ti
los tempranos trinos de luz.
Descalza.
Desmelenada.
En bragas.
Ojos en legañas.
No deseo
que te duela.
Pero al menos,
que alivio no sea.
El dolor de uno mismo
en el del otro se consuela.
Yo me afanaba
en nadar en tus aguas.
Tú ya te bañabas
en otras playas.
Fue la dama Beatriz
de los reinos colindantes
emperatriz,
quien, callada, reposando,
observó la quieta perdiz.